
Desde la eternidad se escucha:
“Y de la costilla de El fuiste hecha”
Relampagueando una y otra vez el mandato,
Como voces intraducibles.
Develando un génesis impuesto
Por el gran personaje que no quiere desligarse de Ella,
Como el dueño eterno de su botella.
Que no hable
Que no suspire
Que no piense
Que no sea
Que se adhiera cada vez a su costilla.
¿Podría sobrevivir sin ella?
¿Podría respirar sin su mismo aliento?
¿Podría sentir el éxtasis, sin el ritmo cadencioso de su afecto varonil?
Unidos en un solo cuerpo
Donde el tiempo se detiene
En el único gemir de una sola aceptación.
Que demuestre ternura
Que debute con delicadeza
Que se bañe de rosas
Que se viste de seda
¿Solo para El?
El, el que dio su costilla para crear a su mujer
El, el que quedo ciego ante tanta belleza
Y se le olvido recordarle en un poema su exquisita esencia.
El, que la escucha en el silencio,
Debatiendo lógicas adversas
Ignorando el sentir,
Alimentado de deseo.
Que no abra la boca
Que se muestre sumisa, servicial, maternal.
Que no aspire
Que no sueñe
Que se quede intacta en su centro.
“Lindo maniquí”
Premiada con el gran titulo de Señora
Por los siglos de los siglos.
¡¡¡Que se rompa el espejo!!!
¡¡¡Que se rompa el hechizo!!!
¡¡¡Que se sane la herida de tan profunda costilla!!!
Porque yo
Mujer
Me desligo de tus tejidos.
Desgarrada
Desangrada
Buscando un nuevo implante…
Por los siglos de los siglos
Ahora…
Soy libre de ti
Y…
Sobrevivo.
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